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Foto de Hegre Art

Coños peludos

Ríos de tinta a lo ancho de foros especializados en porno y erotismo a lo largo de toda la red atestiguan una verdad inapelable: este es un tema muy peliagudo. La historia del vello púbico nos hace remontarnos hasta la década de 1450, cuando las prostitutas empezaron a afeitarse el coño con tal de mantener una higiene más acurada y evitar las ladillas. Paradójicamente lo que hacían después era colocarse una peluca púbica que presentar frente a su clientela, así que se puede decir que los primeros coños sin pelo no estaban socialmente aceptados. Solo alguna tribus hindúes empezaron a hacerlo por motivos estéticos, según se documentó en un estudio de etnología en 1901.

Los chochos peludos han reinado desde el principio de los tiempos, y solo fue a partir de la década de los ochenta que algunas trabajadoras del sexo como actrices porno o strippers decidieron aplicar una depilación radical a sus entrepiernas, coincidiendo con el pánico social por el SIDA y otras enfermedades venéreas. El pubis inmaculado aportaba una impresión de limpieza y estimulaba a quienes tenían fantasías de aire juvenil. Las fotos de coños peludos empezaron a perder presencia en las revistas eróticas y el porno en vídeo, y los chochos lisos emergieron para reinar durante casi todos los noventa y parte de la siguiente década hasta el punto de convertirse en una especie de canon: los coños muy peludos pasaron a ser objeto de repulsa por parte de las nueva generaciones que crecieron viendo el porno de labios afeitados, los felpudos quedaron reservados para los nichos eróticos de maduras peludas o jovencitas de hiperdesarrollada faceta capilar, y en el porno y los clubes de striptease lo máximo que podía verse era rasurados triangulitos de una sombra incipiente.

Con el resurgir del feminismo de nueva ola y los nuevos estándares de belleza más voluptuosos, además de la aceptación de las maduras en el mercado de la carne, se está volviendo al punto del que nunca debimos salir: los chochos peludos vuelven a estar presentes en cada vez más producciones para adultos, y el regreso de los felpuditos en diversas variantes de tamaño, forma, color y densidad se están alzando como lo natural, lo habitual y lo socialmente aceptado.

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