Nuestro segundo nombre es puta

Fogardo

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Fue horrible, el miedo cubría el país entero. Las calles estaban repletas de hombres que vestían de blanco, con una barba muy larga, y siempre con palos y cuerdas dispuestos a pegar a las mujeres que no querían llevar burka o enseñaban la cara. Era todo muy triste, sentí que hasta los pájaros se habían ido del país… Era muy difícil jugar así, en silencio, al final se daban cuenta y saltaban para entrar al patio a insultarnos. Nos tiraban piedras y cogían nuestras deportivas para quemarlas. Otras veces cogían nuestras cosas, salían corriendo, y luego nos llamaban por teléfono o nos mandaban mensajes con advertencias para parar. Nos llamaban perras y prostitutas. — Khalida Popal, jugadora de fútbol retirada.

Khalida Popal luce la camiseta del equipo femenino de Afganistán que incluye una hijab para cubrir la cabeza. Una equipación que permite a las mujeres del país jugar a fútbol. Gracias W00W.

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