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Hentai

Hentai significa literalmente “perversión” en japonés, y aunque no es un rasgo sine qua non, lo cierto es que el porcentaje de hentai absolutamente depravado y brutal es mucho mayor que en cualquier otra corriente erótica. Con hentai se etiqueta toda producción de animación (anime) o cómic (manga) de estilo japonés que tiene como razón de ser la estimulación sexual de la audiencia, porno en tebeos y dibujos animados. Eso sí: a diferencia del porno de imagen real, los límites directamente no existen y esto es algo que el mercado del hentai ha aprovechado para dar rienda suelta a la imaginación en sus niveles más bajos e inmorales.

Un caldo de cultivo como el hentai, tan abundante para todos los fetiches y parafilias que el ser humano es capaz de imaginar, debe tener cierto orden, sobre todo en una sociedad tan disciplinada como la japonesa, así que cuando uno busca vídeos hentai debe tener en cuenta los centenares de subgéneros que sirven para clasificar esa cascada colosal de porno hentai. Desde clásico como el lolicon o loli (la polémica forma de retratar a jóvenes prepubescente con aspecto aniñado pero también erótico en el más suave de los casos), el shotacon o shota (lo mismo pero con chicos), el yuri (hentai lésbico), el yaoi (hentai gay) o el bara (hentai homosexual masculino centrado en la hipermusculación, la obesidad mórbida y las constituciones físicas extremas en general) hasta corrientes más rebuscadas como el futanari (literalmente “hermafroditismo”, en la práctica, vídeos hentai y mangas protagonizados por mujeres transexuales con pollas a menudo descomunales), el bakunyū (textualmente “pechos explosivos”; hentai de tetas gigantescas), el omorashi (una forma de urolagnia o urofagia: la parafilia por la orina) o el shokushu zeme (traducido “tortura del tentáculo”, aunque en Occidente se conoce como erotismo de tentáculos o tentacle rape, originario de algunas ilustraciones shunga del siglo xviii y basado en la relación sexual de mujeres con pulpos o criaturas con tentáculos).

El porno hentai es un producto con un amplísimo consumo en la sociedad nipona, aunque también es una especie de tabú aceptado por todos. Ninguna distribuidora publica jamás balances económicos sobre el dinero que mueve el hentai en Japón, pero se estima que su cuota ronda el 40% de todo el mercado del manga, lo cual es una absoluta locura. Y eso sin contar los vídeos hentai, que también están jugando su papel en la guerra de los tubes y el porno 2.0.

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