Kennedy Leigh

Siguiendo la ya larga tradición de usar apellidos de presidente de Estados Unidos, la bella Kennedy Leigh caló rápidamente en el corazoncito de los pornófilos gracias a su combinación de piel bronceada y cabello claro que le daban la imagen de la capitana del equipo de cheerleaders de una película de instituto. Y ese perfil nunca falla, claro: en el año de su debut era considerada la rubia más adorable de toda la industria del porno y la cantidad de escenas que rodó daban la razón al público.

Su carrera empezó como lo hacían las de las antiguas modelos de Playboy: su novio de aquel entonces grabó un vídeo de porno casero y lo envió a Mofos a espaldas de Kennedy. La productora contactó con la pareja en seguida y, tras el cabreo inicial, la rubia decidió probar suerte en el oficio. Primero escenas con chicas, luego con chicos y finalmente escenas de sexo anal, un tipo de contenido que si se hubiese guardado para más adelante habría podido capitalizar mejor. En realidad dijo en varias entrevistas que no le gustaba esa práctica, así que tiene sentido que no quisiese darle mucha importancia. El mayor talento de Kennedy, eso sí, era uno bastante único: la starlet de Minnesota no tenía gag reflex, esa arcada automática que se produce al hacer mamadas profundas y que solo las mejores felatrices logran dominar, así que sus escena de sexo oral eran un auténtico espectáculo.

Tras tres años de mucho trabajo, en 2015 empezó a desaparecer progresivamente de la industria. Se dice que su trabajo paralelo como escort de alto nivel la llevó a conocer a su sugar daddy, el señor adinerado que la retiró del porno y se aseguró, al menos por un tiempo, la exclusiva de su vida sexual.