Yuvutu

Yuvutu nació como otro contendiente más en la encarnizaba guerra de los tubes porno que estalló poco después de aparecer YouTube. Ninguno consiguió convertirse en un estándar del porno en streaming, y mucho menos de acercarse a la condición poco menos que paradigmática del servicio ahora propiedad de Google. El caso es que, tirando de cierto parentesco fonético, los vídeos de yuvutu empezaron a circular por su base de datos con cierto éxito de tráfico hasta que en 2009 se colocó en la friolera de seis millones de visitantes únicos al mes, una auténtica locura.

La clave de todo este éxito es que los vídeos de yuvutu no son promociones que las productoras entregan a regañadientes o pedacitos de piratería susceptible de ser derribada por alguna auditoría de derechos de autor, sino material rodado y subido al servicio por sus propios autores, pornógrafos amateur que disfrutan como parte de su vida sexual el exhibicionismo. En yuvutu el porno es genuino y auténtico, y a veces incluso tiene algo de amor, unos elementos que en el porno profesional son impensables.

Steve Jacobs, cofundador del emporio yuvutu, se dio cuenta de la base de usuarios completamente internacionalizada de la que gozaba yuvutu, y por eso acabó encargando a XXXTranslations la traducción del site, y yuvutu español (y posteriormente yuvutu móvil) pasaron a ser algunas de las búsquedas más poderosas del porno.

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